¡No gracias!, ¡no me gusta!, ¡tienen grasa!, son expresiones que escuchamos a diario cuando un alimento tienen grasa de origen animal. Es impresionante como los niños hoy antes de comerse un trozo de carne le hacen una verdadera disección post mortem o una autopsia en la cual le sacan todo vestigio de grasa. Nuestra sociedad le ha hecho la guerra a las grasas en la dieta, especialmente las de origen animal y éstas son consideraras como una toxina o veneno por muchas personas.
Sin embargo, respecto de las grasas y los aceites, se nos olvida que son esenciales para el buen funcionamiento de nuestro organismo y para diversas funciones metabólicas y fisiológicas de nuestro cuerpo, entre ellas: son una importante fuente de vitaminas, constituyen las membranas celulares y ayudan al crecimiento, participan de diversos procesos endocrinos y hormonales y son una importante fuente de energía, sólo por mencionar algunas funciones.
Las grasas y aceites en nuestra dieta no son el problema, es el exceso y la vida que la sociedad contemporánea ha construido y privilegiado, y en la que nos desenvolvemos, entre ellas el comer comida “Chatarra” o con alto contenido calórico, las que en muchos casos incluyen grasas manipuladas industrialmente que han sido saturadas para su mejor conservación y aprovechamiento, las que si son dañinas en mayor medida que las insaturadas de los alimentos menos procesados que preparamos en casa.
Hace un tiempo la revista Nature, un de las más prestigiadas revista científicas del mundo, publico un artículo en el cual se señalaba que las comidas con alto contenido calórico pueden producir adicción como una verdadera droga en el organismo. El estudio desarrollado por el Scripps Research Institute de Florida, en Estados Unidos, concluyó que la comida chatarra que se les dio a un grupo de ratas convirtieron a éstos animales en comedores compulsivos. Si bien el estudio no se puede ser trasladado a los humanos para explicar la obesidad, si indica que un exceso de comida chatarra puede provocar respuestas adictivas en el cerebro de las personas. Cuando los científicos ofrecían comida saludable a las ratas y a su vez comida con un alto contenido calórico, estos animales preferían esta última y terminaban engordando rápidamente y seguían comiendo aún cuando al hacerlo se gatillaba una descarga eléctrica que les causaba dolor.
No debemos demonizar y hacer una cruzada contra de las grasas y aceites, e incluyo aquí las grasas de origen animal, por que ellas no son malas per sé. Lo que si debemos cambiar, no esta en las carnes o en algunas grasas, está en la vida sedentaria y acelerada, en donde hemos privilegiado la comodidad por sobre toda cuestión, en donde la práctica de algún deporte o actividad física en forma periódica es una perdida de tiempo, según muchas personas, y que consideran que ese tiempo se podría emplear para descansar o en trabajar más. Las grasas no son un problema, es más son tremendamente necesarias en nuestra alimentación y además le dan sabor a la vida y un verdadero gusto.