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Por Raúl Darío Oroño
En los días pasados hemos asistido en las noticias al incendio de miles de hectáreas en el parque nacional Torres del Paine que han perjudicado notablemente el patrimonio nacional en cuanto a bienes naturales.
También se han incendiado numerosas hectáreas en la región del Bío Bío con las complica-ciones propias de las celulosas del sector y de loa mismos habitantes.
Las cantidades de hectáreas se nos escapan para imaginar la magnitud de tierra devastada. Pero lo central es que los ciudadanos vemos esta situación y los políticos encargados de protegernos y proteger el patrimonio natural de nuestro país, se pelean entre ellos para decir una cosa u otra.
El gobierno actual dice que la gestión anterior no quiso firmar un convenio con el BID en el cual estaban los fondos para poder acrecentar los implementos para los parques nacionales y de esta forma mejorar los servicios. La contraparte dice que estaban todas las condiciones planteadas de forma adecuada pero que es el gobierno actual el que ha dejado sin efecto la implementación de las mejoras, ¿entonces, quien dice la verdad?, al final de cuenta parece que todos hacen bien las cosas pero ninguno se hace responsable de las consecuencias ne-gativas que todas estas implementaciones implican.
La sensación que se deja ver en la ciudadanía es que hay tierra de nadie en gestiones que interesen a la generalidad de las personas porque en definitiva le vale más los votos que ganarán en el futuro que el presente de muchas personas y de la situación propia del País.
Hemos perdido bosques y seguimos dañando a nuestra naturaleza, dejando expuesta a la nada absoluta las inmensas riquezas de los parques nacionales que graciosamente nos regala el sur del país. ¿Qué nos pasa que no apreciamos las cosas?, ¿qué hacen nuestros políticos?, ¿trabajan para el bien de todos o solo de algunos?, y nosotros ciudadanos ¿qué hacemos para volcar nuestras opiniones o nuestros sentimientos de aceptación o rechazo en bien de políticas que no ayudan al bien común?
Estamos asistiendo a una vuelta a la participación pública del ciudadano en donde no solo dice lo que piensa sino que actúa en consecuencia, los partidos políticos deben darse cuenta que ya no son respuesta a las necesidades del pueblo, sino que otra organización necesita ser puesta en marcha y eso es lo que se evidencia para el año.
La pregunta está latente: ¿quién nos dice la verdad?
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