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Por José Francisco Muñoz
Hace unos días un “patagón legítimo” nos decía en el diario local, que si queríamos tener una opinión imparcial fuéramos a las casas abiertas de hidroaysén, que visitáramos las instalaciones de la empresa porque ellos nos dirían la verdad ¿…?; otro patagón legítimo, dio la espalda a sus electores para reverenciar a las represas.
Ahora, Energía Austral, el hermanito menor de Hidroaysén, ha visto entorpecido su camino de instalación en nuestra región, pues la Corte de Apelaciones de Coyhaique ha dicho que no se puede evaluar el proyecto por parte de la autoridad, mientras no se aclaren contradicciones evidentes que tiene el estudio de impacto ambiental asociado. Son un par de días que la intendenta usará para agregar certificados y documentos que maquillarán la cara de esta central. Imagino que en estos momentos los seremis hacen denodados esfuerzos por conseguir papeles favorables y que expresen con lenguaje sofisticado lo benigno que resulta embalsar los ríos sobre una falla geológica… casi puedo ver los certificados cosméticos que dirán que la falla Liquiñe Ofqui no es más que una insignificante cicatriz en el tuétano de la cordillera que no implica riesgo alguno para los aiseninos. Nuestras autoridades políticas que no han ocultado sus simpatías y preferencias, haciendo gala de su poder frente a los técnicos y profesionales que son finalmente sus empleados.
Al oír las declaraciones de la Intendenta frente a la orden de no innovar, me pareció escuchar a la gerenta de marketing de la empresa y no a la presidenta de la comisión de evaluación de impacto ambiental que debiera por definición y por ética ser independiente y objetiva, diciendo ella, que había un irrestricto respeto al poder judicial, pero que entregarían los antecedentes necesarios, las medidas de compensación y de mitigación para la instalación de la central hidroeléctrica; ¿Cómo es posible que se hable de respeto a la institucionalidad si a ojos vista la empresa goza de la simpatía de los evaluadores?
Me vuelvo entonces hacia sabiduría popular que acuñó el refrán: “cría cuervos y te sacarán los ojos”, porque cierto estoy que son algunos “patagones legítimos” los que no trepidan en favorecer proyectos que destruyen nuestra región con tal de obtener mezquinas ganancias personales. Si lo pensamos bien, los dueños de estas empresas finalmente buscan hacer el mejor negocio pasando por encima de ecosistemas y de comunidades que nada significan para ellos, porque no tienen el arraigo y lo mismo les da lo que pueda suceder en el futuro en este rincón del planeta, ya que sus descendientes se criarán en la comodidad de la Dehesa o en alguna playa de la Riviera.
Por eso creo que el nombre de la Central Río Cuervo le calza perfectamente a todos los personajes que pululan con certificados bajo el brazo y discursos de progreso avalando proyectos que son aberrantes y nefastos para nuestra tierra…
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