|
Por Raúl Darío Oroño
Cuando se tiene la experiencia de visitar otros países, y esto significa tener un contacto con otras culturas, se pueden llegar a vislumbrar diferencias con la propia realidad. Me han sucedido algunos hechos, en estas experiencias, que desearía plasmar en esta re-flexión en lo referido a la llamada “atención al cliente”, o lo simple que es atender cuando uno necesita algo. Puedo afirmar que es muy difícil que en nuestro país la atención, cuando uno llega a un lugar sea de buena gana, es como que uno molesta cuando pregunta un precio o pide ayuda para alguna cosa. Uno mismo se va mimetizando con la cultura de la indiferencia, individualismo y encerra-miento en su propia casa sin importarle lo que sucede al lado o lo que necesita alguna per-sona que pide ayuda. Nos vamos llenando de preocupaciones y nos olvidamos de las verdaderas ocupaciones. Preguntaría cuantas veces llamamos a nuestros seres más queridos para conversar o estar en contacto con ellos, por lo menos para interesarnos en su salud, trabajo y familia y cuantas veces hacemos contacto con las personas por intereses: trabajo, pedidos, comercio y otros avatares de la circunstancia. Mucha gente que llega a la región admira precisamente el hecho de la buena atención que se da entre las personas, pero se puede perder si no nos damos cuenta de la importancia las cosas simples y sencillas de la vida. Que el tiempo de descanso sea también un tiempo dedicado a no perder la oportunidad de recobrar lo que hemos dejado de lado por el trabajo del año y retomar lo fundamental de la vida que es nuestra propia existencia.
|
|