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Adolescencia en tiempos de covid-19: Especialista abordó exposición de jóvenes a conductas de riesgo

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La psicóloga, Judith Rivera Daza, quien desempeña labores como coordinadora del Programa
Habilidades para la Vida (Etapa III) de Junaeb y que ejecuta la Ilustre Municipalidad de Aysén a
través del DEM Aysén, expuso sobre los diversos factores que podrían llevar a los jóvenes a
adoptar comportamientos de riesgo durante la actual emergencia sanitaria por covid-19. Una
situación que previo a la pandemia pudo ser considerada como un proceso más de la
adolescencia hoy adquiere una nueva connotación, considerando que la principal estrategia
sanitaria ha sido la responsabilidad en los comportamientos individuales para evitar un desastre
colectivo.
Antes de todo ¿A qué nos referimos con conductas de riesgo?
Una conducta de riesgo es cualquier tipo de conducta, voluntaria o no, que ponga en peligro el
bienestar tanto personal como colectivo y que puede llegar a producir consecuencias nocivas.
Como toda conducta, se aprende.
¿Es normal que los jóvenes tengan este tipo de conductas?
En la actualidad hay muchos factores que pueden aumentar la probabilidad de una persona
(independiente de su edad) realice conductas de riesgos. Sin embargo, durante la adolescencia es
cuando se experimentan grandes cambios biopsicosociales en un periodo corto de tiempo, y
muchas veces aprender a adaptase a estos cambios, puede llegar a generar conductas riesgosas
en los adolescentes.
¿Existen variables que nos permitan explicar esta situación?
Se podrían explicar por la presencia de diferentes agentes biopsicosociales. Sin embargo,
existen tres factores claves: los predisponentes, los precipitantes, y los personales (entre otros).
Respecto a los factores predisponentes ¿Cuál es su origen?
Estas son características de programación genética y neurobiológica que traemos como una
característica del temperamento heredable, manifestaciones que ocurren entre los 13 y 25 años
momento en el cual existe una maduración cerebral que nos predispone a una conducta de
búsqueda en cuanto a nuevas experiencias.
¿Cómo podríamos explicar entonces estos factores predisponentes?
Radica en que, en nuestro cerebro, maduran primero las zonas cerebrales socioemocionales,
mientras que el sistema de control cognitivo es más lento, es por ello, que ante experiencias de
exploración y de búsqueda de satisfacción inmediata, (que surge en esta etapa) aumenta la
probabilidad de que la gratificación emocional predomine por sobre el control racional de una
conducta, es decir, actuamos por nuestros impulsos y luego pensamos sobre nuestras acciones
y es este patrón el que en la adolescencia debe regularse para reducir la probabilidad de que un
adolescente genere conductas de riesgos.
¿Existe alguna base de apoyo para enfrentar este factor predisponente?
El rol de la familia es crucial, puesto que las buenas o malas experiencias de nuestra infancia a
nivel cognitivo generan la construcción de un esquema mental, el cual, llegada la adolescencia,
permite crearnos una versión propia y sobre los otros en base a nuestra percepción de las cosas.
Y respecto a los factores precipitantes ¿Cómo podemos estar alertas?
Estos aparecen previo a la adquisición de conductas de riesgo, juega un rol importante todo
aquello que rodea al adolescente mientras traviesa esta etapa evolutiva. Es decir, su entorno, los
grupos de pertenencia y sus costumbres, la desescolarización, el trabajo infantil, la falta de
acceso a las redes de apoyo en temas de sexualidad y prevención de conductas de riesgo, las
tareas, y crisis del periodo de adolescencia, junto con los recursos que presente el mundo adulto

para contenerlos. Un adolescente que se desenvuelve en un contexto donde existen riesgos, es
propenso a generar conductas de riesgos.
Entonces, tras comentar estos dos factores, respecto al factor personal ¿Qué nos podría
indicar?
Encontramos aquello que se ha construido como parte de la personalidad del adolescente. Acá
juega un rol importante todos los factores predisponentes y precipitantes que guían o moldean la
construcción de la identidad de la persona y la forma en la cual entonces adquirió mecanismos de
afrontamiento o defensa ante situaciones conflictivas o desestabilizadoras de su identidad. Un
adolescente que no cuenta con mecanismos saludables para enfrentar situaciones estresantes es
probable que recurra a conductas de riesgo como el consumo de sustancias o daños hacia su
propia integridad.
Ahora bien, tenemos por una parte estos factores que nos menciona Ud. pero entendemos que
los adolescentes de 13 presentan diferencias con sus pares de 16 años ¿Tiene alguna relación la
edad en las conductas de riesgo?
Importante es aprender a identificar en qué etapa de la adolescencia se encuentra nuestro hijo,
ya que cada etapa supone fases distintas. Podemos encontrar la adolescencia temprana, media y
tardía.
¿Cómo se expresa la adolescencia temprana?
Entre los 10 y 13 años aproximadamente a nivel de cogniciones hay mucha fantasía con un fuerte
arraigo egocéntrico, se producen los fenómenos psicológicos llamados “fabula personal” y de
“audiencia imaginaria”, donde el foco es si mismo y para satisfacer esta fantasía pueden llegar a
manifestar conductas que pongan en peligro su integridad, para sentirse “mirados y valorados”
por el resto.
En cuanto a la adolescencia media ¿Cómo podemos estar atentos a los cambios que se
producen?
Se produce un distanciamiento afectivo de la familia y un acercamiento al grupo de pares y a las
actividades externas. En este periodo entre 14 y 17 años aproximadamente el adolescente busca
individualizarse, pero su auto-imagen es muy dependiente de la opinión y aprobación de otros.
Existe además una tendencia al aislamiento, y a la impulsividad lo que lo lleva a experimentar
conductas de riesgos. Desafía la autoridad y valores familiares, es un periodo critico a nivel
familiar, necesita demostrarse a sí mismo que es capaz de proyectar su propio camino en la vida
y no necesita a otros.
¿El proceso de cambios continua igual de intenso o se estanca en la adolescencia tardía?
En general, se logra mayor tranquilidad en las relaciones interpersonales y se va configurando de
manera mas estable su personalidad. La auto-imagen ya no es influenciada por los pares, Desde
lo cognitivo aumenta la capacidad de resolución de problemas. Esto se presenta a partir de los 17
hasta los 25 años, no obstante, cuando han existido malos hábitos, es muy probable que estos
continúen durante la vida adulta.
Considerando el desgaste que ha traído la pandemia a nivel psicológico ¿existe algunas
recomendaciones para los adultos que cuidan y/o trabajan con adolescentes?
Primero, hacer un balance entre los factores de riesgo y los de protección de manera que los
factores de protección excedan a los de riesgo. La comunicación afectiva es el principal factor
protector vincular con el que cuenta una familia, debemos estar atentos a los cambios de
conducta repentinos que experimenta el adolescente, los padres /cuidadores son quienes más
conocen a su hijo. Si se ve diferente, preguntar en qué se le puede ayudar, esto no empeorará las

cosas, por el contrario, en cualquier caso, abrirá espacios de comunicación, y mantener la calma,
han debido pasar muchas cosas para que tu hijo reaccione de esta manera.

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